Martes, 15 de agosto de 2006
Las informaciones hablan de respeto al cese de hostilidades, incluso Kofi Annan certifica su cumplimiento y sin embargo las tropas hebreas, por supuesto en un acto de defensa, han matado a seis miembros de Hezbolah mientras que Ehud Olmert, en el Parlamento afirmaba que perseguirá a Hezbolah “cuando sea y donde sea”. Si fuese al contrario, seguramente no se hablaría de fragilidad de paz sino de ruptura del alto el fuego. Las informaciones hablan de respeto pero, tanto Israel como Hezbolah, respetan el alto el fuego atacándose
Mientras tanto los libaneses desplazados retornan expectantes por ver qué queda de sus hogares; la destrucción es tan enorme que normalizar la situación costará mucho sacrificios y esfuerzos. La destrucción de edificios y de infraestructuras civiles es descomunal. Corresponderá ahora la ayuda a Líbano en un escenario presto o cualquier otro capítulo de esta vieja guerra y con la amenaza del régimen sionista para continuar con sus actos defensivos para perseguir a Hezbolah cuando lo considere oportuno.
Este es el panorama que las fuerzas internacionales, al amparo de la resolución 1.701 del Consejo de Seguridad de la ONU, se encontrarán cuando se desplieguen en la frontera entre Líbano e Israel. El Gobierno español debe decidir su participación, participación que tendrá que validar el Parlamento.
En cualquier caso no debe minimizar el peligro de su presencia ni debiera confiar en la palabra de Israel, que es todo un experto por incumplir resoluciones de la ONU. Por otro lado y como afirma Llamazares, las tropas españolas deben limitar su presencia a ser auténticas fuerzas de interposición y de imposición de la paz, nunca beligerantes ni actuar como fuerza policial para el desarme de Hezbolah.
Un ejercito para la paz o para ayudar a la población civil, como lo hace en la extinción de fuegos y en otras situaciones de emergencias, sería un ejército valorado por todos y acabaría con la paupérrima impresión de un ejército atrincherado en sí mismo y solamente útil para desfiles y ensoñaciones cuarteleras. O lo que es peor, al servicio de los delirios de grandeza de cualquier aspirante a líder del mundo mundial.
Por: Júcaro | Terrorismo | Comentarios (0) | Referencias (0)