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Descosido

Viernes, 21 de julio de 2006

¿Qué culpa tienen las palabras?

Quienes se convulsionan y horrorizan ante la posibilidad del fin de la violencia etarra, se desgañitan repitiendo que no se puede hablar de proceso de paz porque aquí no hay guerra; porque aquí, en una parte están los que matan y en otra los que mueren.

El acaloramiento es tal, que si tenemos la osadía de usar la expresión proceso de paz, ya sabemos de la perorata iracunda y cansina que se nos viene encima. Los más exaltados defensores de estas tesis los encontramos, sorprendentemente, en la España católica y en los alrededores mediáticos del obispado hispano. Y escribo curiosamente porque cuando, en el ritual de la misa, el oficiante exclama algo así como “¡Daos fraternalmente la paz!” o “la paz del Señor sea con todos vosotros”, supongo que ni se revuelven alarmados en sus asientos, ni cuestionan tales expresiones, ni espetan al sacerdote algo asó como: ¡Qué es eso de darnos la paz, si aquí no hay guerra!

Algunos se han empeñado en convertir la expresión proceso de paz en el primer precio político que el maligno de ZP entrega a ETA. Dicho de otra forma, estas palabras son utilizadas para dificultar la posibilidad de alcanzar la paz aunque por el encanallamiento de algunos si se utilizara otra denominación, igualmente esbozarían argumentos para concluir que las nuevas palabras supondrían “otro” precio político. En definitiva, cualquier vocabulario que se utilizara, siempre será argumento suficiente para justificar sus vociferantes arengas cuarteleras y para inocular el eslogan que ellos ya han determinado. Porque ellos ya han decidido estratégicamente que el Gobierno claudica y se rinde y todas las palabras las conjugarán para concluir que ellos tienen razón, que se paga precio político y se claudica. De nada importa que en otras épocas y en otras búsquedas de la paz se usara la misma expresión. Entonces gobernaban ellos y todo era distintos precisamente por eso, porque gobernaban ellos.

Dispuestos a torpedear, cualquier avance, no transigen en nada y el uso de la palabra lo convierten en cuestión mayor. Ellos son así de engreídos y soberbios. Determinan qué palabras deben usarse y, o se usan los términos y vocablos que ellos consienten o sencillamente se claudica. Así de simple y así de absurdo pero también, así de cierto.

Es curioso que no acepten la expresión proceso de paz y se muestren tan ufanos cuando se habla de armas de destrucción masiva o cuando al asesinato de civiles se despache con la simple justificación de ser los inevitables efectos colaterales.

La lógica y las leyes determinan que es el Gobierno dirige la lucha contra el terrorismo, ¿se podrá utilizar la expresión “lucha contra el terrorismo” sin ser acusado? También esa lógica exige unidad de las fuerzas democráticas y sin embargo algunos se empeñan y, en su empeño, analizan cada gesto, cada silencio, cada palabra para proclamar que el Gobierno se rinde ante el terrorismo. Y, naturalmente, señalan dónde están los salvadores de tan bochornosa claudicación.

Si por el uso de estas palabras se desgañitan con tanto exabrupto, cómo actuarán cuando, como en el 98, se tomen medidas para facilitar el final del terrorismo.

Por: Júcaro | Terrorismo | Comentarios (0) | Referencias (0)

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