Martes, 18 de julio de 2006
Si fuera un barco de recreo igual no hubiera manchado su cubierta con 51 inmigrantes; si los recogidos de las aguas fueran pasajeros de un crucero, Malta no hubiera actuado de esta manera tan inhospitalaria. Pero se trata de un humilde barco pesquero y de inmigrantes.
Probablemente no podría haber sido de otra forma. Nadie, como los marineros conocen los peligros del mar, nadie como ellos conocen las dificultades y dureza de la navegación y nadie como ellos podrían haber dado un ejemplo de solidaridad como el que están ofreciendo. Estos marineros, al rescatar 51 vida humanas y atenderlas como buenamente pueden, ante la indolencia de las autoridades de Malta, están dando todo un ejemplo.
Puede que tras la experiencia, los tripulantes del Francisco Catalina, teman más a la burocracia maltesa que al oleaje y a la tormenta pero seguramente si, en la travesía, vuelven a encontrarse con una barca a la deriva, no dudarán en socorrer, sin preguntar ni el origen ni destino de sus ocupantes. La gente de la mar no necesitan que la normativa internacional obligue a cualquier barco a socorrer a las personas, tampoco precisan entender de nacionalidades ni situaciones jurídicas. La gente humilde del mar conoce y sabe los riesgos de cualquier travesía, los peligros agazapados tras cada ola y volverán a enfrentarse a una situación similar, antes que dejar a su suerte a cualquiera que precise ayuda en el mar.
Ignacio Aldecoa escribió en Gran Sol: “Cada marea tiene su patraña. Alegre o triste, siempre desasosegante. Saltó a bordo en el muelle de las despedidas; creció en las meditaciones del puente, en la soledad de las guardias; buscó guarida en los ranchos de las conversaciones del ocio y descanso. La patraña se alimenta de la basura del mar... ” Ahora, saben estos marineros de otras patrañas y mentiras; ahora saben de la mezquindad de unas autoridades que, teniendo la obligación de atender a los rescatados, buscan excusas y retrasan el desembarco y la atención humanitaria. Ahora, estos marineros, volverán a puerto sin la pesca que buscaban pero, cuando pase esta lamentable odisea burocrática, recordarán el viaje en el que salvaron la vida de 51 personas y no dudarán en repetir la ayuda pese a la incomprensión e insolidaridad que están recibiendo como premio.
Dicen que el Francisco Catalina, es un barco pequeño, que carece de camarotes y reservas alimentarias suficientes; dicen también que ello no es obstáculo para compartirlo todo con estos 51 inmigrantes. Sabemos que, en este caso lo único pequeño, por no escribir miserable, es la actitud de la administración maltesa.
Por: Júcaro | Inmigración | Comentarios (2) | Referencias (0)
Impresionante y vergonzoso que después de tantos días aún estén esperando que les den entrada en La Valetta. Me decepcionan estas cosas que demuestran lo inhumanos que podemos llegar a ser.
Yo también he tratado este tema en mi blog pero desde otro punto de vista.
Un saludo,
Gemma
Gemma | 18-07-2006 22:49:07
Leo tu post, me parece estupendo. Me ha gustado que utilices el sustantivo “náufrago”. Yo cometí el error de repetir, miméticamente, el concepto “inmigrante”. Tendría que ser más escrupuloso en el uso de las palabras. No son inocentes las palabras que utilizamos y los conceptos son muy distintos.
Un saludo y gracias por pasarte por aquí
Júcaro | 19-07-2006 00:12:39