Jueves, 13 de julio de 2006
Algo que podría haber concluido en un reality show más, se ha convertido en un referente para una nueva forma de hacer documentales.
La directora Deborah Scranton entrega cámaras a 10 soldados destinados en Iraq, para que durante 11 meses se filmaran a sí mismos en acción. El resultado, como era de esperar, es de mucho patriotismo y la aparición de personajes típicos de películas bélicas, pero también de muchas contradicciones y dudas. Al final, la certeza de que nada es ficción, es lo que le confiere autenticidad, tal y como se recoge en la selección semanal que de The New York Times publica El País.
Los americanos, la sociedad civil americana, siempre encuentran formas alternativas para comunicar lo que los grandes medios ocultan. Probablemente estos intentos, a lo Michael Moore, o el empeño de Neil Young de cantar contra la guerra, reciban el mismo trato denigrante, que en España, los sectores más reaccionarios, dedican a cineastas, cantantes, y actrices cuando levantan su voz contra lo que entienden necesario.
En el documental, alguien pregunta a un sargento, destinado en Iraq, su opinión sobre la labor que están desempeñando. La primera respuesta podría haberlo dado cualquier senador republicano. Entonces se le pide autenticidad: “Dime la verdad”,y entonces responde: “Una vez acabe esto, tal vez podamos comprar a todos los habitantes de la tierra un cachorro”.
He recordado este pasaje del documental titulado The war tapes, al conocer la noticia de que por fin EEUU acepta aplicar la Convención de Ginebra a los presos de Guantánamo a partir de la sentencia del Tribunal Supremo de EEUU el pasado 29 de junio.
Por la interpretación que de la sentencia hace el portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, se puede concluir que los presos de Guantánamo recibirán un trato humanitario cuando la administración Bush decida o cuando “podamos comprar un cachorro a todos los habitantes de la tierra”
Por: Júcaro | Sociedad | Comentarios (0) | Referencias (0)