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Descosido

Lunes, 29 de mayo de 2006

El Congreso de los Diputados y la barra del bar

Si en alguna ocasión existió la cortesía parlamentaria, ésta fue enterrada por la bancada popular hace bastante tiempo. El desdén, la mofa y la bronca es habitual en cualquier sesión parlamentaria. Responde ésta a una estrategia que se desarrolla tanto en la calle como en el hemiciclo. Así, los militantes que intentaron agredir a un ministro en la calle, no fueron mucho más violentos que el “hooliganismo” que expresan algunas de sus señorías y, en cualquier caso, actuaron como fieles pupilos, algo mayores es cierto, pero obedientes y disciplinados; sólo emularon a sus “maestros” y a las consignas de la perorata matutina del radiopredicador.

La conducta de la bancada popular es fruto de la soberbia infinita que les dejó Aznar como herencia. El gran estadista no hizo otra cosa que alentar el enfrentamiento entre los españoles; un personaje simple y mediocre que siempre buscó refugio en la apelación directa a los instintos y a la reducción intelectual del simplismo: o estás conmigo o contra mí, o blanco o negro, sin matices.

El penúltimo ejemplo ha sido la sesión plenaria en la que se sometía, a la Cámara, la toma en consideración del texto aprobado por el Parlamento Andaluz para la reforma del Estatuto. En estos casos, ocurrió con los parlamentos valencianos y catalán, una representación parlamentaria de la comunidad defiende su proyecto en el Congreso de los Diputados.
Si el respeto siempre tendría que estar presente en tan alta institución, mucho más tendría que hacerse visible cuando la representación de otro parlamento toma la palabra. Pero la estrategia popular pasa por la máxima intensidad en la discrepancia y por el saboteo constante de cualquier iniciativa.

El acta de la sesión plenaria del 23 de mayo, deja reflejado la conducta de sus señorías para con los representantes andaluces. No quisiera eludir la intervención de Labordeta por decepcionante y porque no esperaba que se escudara en tópicos tan vetustos como estúpidos: los toros, el folclore o la sorprendente alusión a la ropa de Concha Caballero confundiendo jocosamente los colores de la bandera con los de un equipo de fútbol, así se recoge en el acta:

“La representante de Izquierda Unida, que ha venido vestida del Betis, algo que a todos nos ha asombrado.(La señora representante del Parlamento de Andalucía, Caballero Cubillo: De la bandera andaluza.)Ah,¿no es del Betis? ¡Cómo va de verde y blanco!”.
Pero sobre los representantes del parlamento andaluz y, siempre según el acta de la sesión plenaria del 23 de mayo -en prensa se recogen descalificaciones que no son transcritas-, la secuencia de interrupciones es significativa de la descortesía. Conocemos las trifulcas que los señores diputados escenifican de vez en cuando buscando primeras páginas y un hueco en la historia. De paso, si en el ciudadano cunde el desánimo, mejor: ¡Así nos quedamos nosotros solos! deben pensar.

Como no todos son iguales, ni todos los grupos actúan la misma manera dejo constancia de las distintas interrupciones que sufrieron en sus exposiciones los representantes del Parlamento de Andalucía, eso sí obviando las provocadas por los aplausos de la clac de turno y las protestas o rumores generalizados de los contrarios.

Antonio Sanz, Partido Popular, es interrumpido en 8 ocasiones: en siete por gritos de ¡Muy bien!; 1 por la expresión ¡De nada!, expresada por un diputado no identificado.

Concha Caballero, de Izquierda Unida, es interrumpida en 9 ocasiones: en tres le gritan ¡Muy bien!; Martínez-Pujalte interrumpe en 2 ocasiones con expresiones que no son reproducidas; las cuatro restantes son registradas en el acta tres en tono de burla y con un ¡No les haga caso!

A Manuel Gracia del PSOE se le interrumpe en 16 ocasiones: cuatro veces para animarle al grito de ¡Muy bien!; en cinco por el diputado Martínez-Pujalte, otra vez él, con palabras que no se recogen textualmente y el resto para diputados con expresiones como ¡Fuera, fuera!, ¡Eres un mentiroso!, ¡Veta ya¡, ¡Gallina!

Estos comportamientos, de nuestros representantes en el Congreso de los Diputados, dan para pensar, entre otras cosas, en la responsabilidad de los partidos cuando eligen a los integrantes de sus listas y en los criterios de selección, elección o asignación.

A modo de conclusión: escuchando a muchas de sus señorías, más “sus” que nunca; menor nivel que la discusión en la barra de un bar.


Por: Júcaro | Política | Comentarios (0) | Referencias (0)

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