Martes, 23 de mayo de 2006
La sociedad actual es contradictoria; nunca como ahora se han percibido tan nítidamente las diferencias entre la opulencia de unos y la penuria de otros. Incluso el despilfarro y la necesidad ahora conviven dramáticamente en los mismos lugares. Dicen las índices estadísticos, de los países ricos, que el umbral de la pobreza está por debajo de una cantidad determinada de dólares. Según ese dato, se publican mapas donde se colorean países que están por debajo y otros por encima; algún incauto puede pensar que su país está fuera del umbral de la pobreza, sin caer en la cuenta que esa es una simple realidad estadística.
Si se quisiera saber la verdad real, no podríamos señalar en esos mapas con tanta ligereza porque el Tercer Mundo está en todas partes. Hoy, como todos los días, un grupo de personas rebuscan dentro de unos contendores situados junto a cualquier supermercado en una escena que se puede repetir en ciudades y pueblos España, Francia o Estados Unidos porque también la pobreza tiene rostro de ciudad.
Tendríamos que ser más precisos. Una misma realidad geográfica puede ser contemplada desde diferentes perspectivas: la económica, como simple realidad productiva; la sociológica, para señalar las carencias, desigualdades o inadaptaciones; la histórica, para conocer cómo la industrialización de unas zonas precisó la colonización de otras; la política, para divagar sobre medidas paliativas y nunca a acabar por erradicar las pandemias. También la experiencia personal de quien vive en un barrio marginal o en una urbanización de lujo de una misma ciudad. Los primeros sonreirán irónicos, acaso resignados, al oír que viven en una ciudad, en un país, rico; los segundos dormirán satisfechos y complacidos.
África es como la cárcel, pero también es la carencia de todo; solo abunda la malnutrición, la enfermedad y el abandono. Ya podrán impermeabilizar virtualmente el Estrecho para que pasen los capitales y las mercancías, nunca las personas; ya podrán blindar las costas canarias para que las personas pobres y de piel negra no asusten al turista, rubio o negro pero acaudalado, que invade sus playas. Todo intento de frenar las ansias de huir de la miseria será inútil porque pese a estos delirios, siempre se constatará el aumento del flujo de inmigrantes a los países ricos. Nada detendrá a quienes le televisamos el paraíso terrenal de esta parte del mundo. Tendríamos que dejar constancia que el Tercer Mundo también existe en Nueva York, París o Madrid pero esa realidad es mejor no retransmitirla o relegarla para horarios imposibles; mejor aún, ignorarla y mirar para otro lado.
Para cualquier persona que huye del hambre, para cualquiera que sufre la opresión de la guerra, nada hay más estúpido que ese hombre que habita en cualquier casa blanca y que sale en televisión diciendo que lo primero es “la ley y el orden”. “Comer, beber, vivir; ¡imbécil!”, responderá alguien desde cualquier rincón del Tercer Mundo.
Por: Júcaro | Sociedad | Comentarios (1) | Referencias (0)
Hola Júcaro, cuanta razón tienes.
Ayer volvía a casa, a eso de las 10 de la noche y encontré a un chico y una chica, no es la primera vez que los veo, revolviendo entre la basura que dejan los del super.
Las estadísticas dicen que si yo tengo 2 coches y tú no tienes ninguno, entonces tú tienes 1.
Un beso,
Gemma
Gemma | 23-05-2006 21:28:15