Jueves, 18 de mayo de 2006
Fue en Zacatecas donde Gabriel García Márquez propuso renunciar a la ortografía provocando a los académicos de la lengua e inspirando a muchos “columneros”. En la ciudad mejicana mostró su disgusto por la letra hache, entre otras cuestiones ortográficas, por prestarse a confundir y complicar el lenguaje escrito. Naturalmente, el escritor colombiano, lo hizo a lo grande y como alguien dijo; “criticó la gramática con un discurso perfecto gramaticalmente”.
Aducen los detractores de la “h” que es una letra muda que no sirve para nada, que no representa ningún sonido en nuestro idioma. Pudieran tener razón pero en Andalucía aún le damos cierto valor; también en el resto del Estado, por aquello de la globalización del lenguaje, se le muestra cierta relevancia cuando, por ejemplo, se la hace sonora para nombrar al aparato reproductor que llamamos “home cinema” o para parecer más cosmopolitas usamos “hobbies” por aficiones.
Sus hostigadores afirman que se mantiene por estética, por motivos históricos o por un afán conservacionista inútil. Y la realidad aparente parece darles la razón cuando la progresiva economía del lenguaje toma velocidad de vértigo, con los mensajes sms o los chats, y la letra hache parece abocada entonces al desahucio definitivo, salvo para asumir ciertos anglicismos.
No obstante la hache, ache tendrían que escribirla algunos, habría que reivindicarla porque bien podría representar esta letra callada, a los sin voz, a los marginados, a los excluidos, a los humildes; al hombre, a la humanidad.
De haber sido considerada la provocación del premio nobel nadie me hubiera reprochado, hace unos días, que escribiera “hojeo los periódicos atrasados”; nadie me hubiera conminado a sustituir ese “hojeo” para no caer en la ignorancia que yo endosaba a otros. Y es que ojear y hojear perduran como verbos distintos pese a la confusión que provoque en algunos y las dudas gramaticales en otros. Porque son verbos que sirven para acciones diferentes. Mi educado corrector cometió el error de confundirlos; parecía desconocer que al entrar en una librería, por ejemplo, y mirar los estantes se ojea pero si se toma un ejemplar cualquiera y nos dedicamos a pasar sus hojas, escribiremos que estamos hojeando; también hojeamos al pasar las hojas de cualquier libro, periódico, revista o cuaderno leyendo deprisa algunos pasajes que así es como lo define la Real Academia de la Lengua.
En definitiva, y como evidencia de que no es lo mismo; cuando ojeo las imágenes del intento de agresión a Bono, de nada me vale hojear la sentencia judicial para saber lo que vieron mis ojos.
Por: Júcaro | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
José L. | 18-05-2006 21:51:37
Genial tu escrito. Me ha encantado.
No sabía que García Márquez hubiera lanzado esa apología.
Yo toda la ortografía la dejaba tal cual, por que de algo nos tenemos que reir o escandalizar cuando paseamos por algunos foros de la red y, tan amenudo, vemos cosas similares a esta:
"uviera hido aller pero asta mañana no boi"
Hay que ver algunos la de imaginación que le ponen con las formas del verbo "Haber" en particular.
Un beso,
Gemma
Gemma | 19-05-2006 07:25:47