Domingo, 14 de mayo de 2006
Cuando asistimos al sobresalto constante por el precio del petróleo, no estaría mal que alguien con la lucidez de J.K. Galbraith nos ayudara a comprender la cruda realidad que se nos viene encima. El economista recientemente fallecido denominó a la “sociedad opulenta”, como la capacidad que tiene el capitalismo para vender cualquier cosa por inútil que fuera y mantener la ilusión de la riqueza entre capas sociales cada vez más amplias.
El consumo excesivo es un simple espejismo y los más débiles serán los primeros en comprobarlo. La voracidad del capitalismo nos inocula ese veneno consumista: “Disfruta del mundial de fútbol con la pantalla panorámica XXX” o “¿Dónde quieres viajar? Cumpla sus sueños con cómodos pagos aplazados y descuento del 30%, si es usted uno de los 50 primeros clientes en suscribir nuestra oferta promocional”. En fin una bicoca; todo al alcance de la mano, para satisfacer nuestras pequeñas necesidades o nuestras grandes vanidades.
Mientras que miles de jóvenes se manifestaban por una vivienda digna al grito de "Queremos un pisito como el del Principito" ; mi vecino, trabajador eventual de una explotación agrícola, celebró este domingo la primera comunión de su hija; un derroche, incluido el consabido préstamo bancario, para una celebración de alguien que entiende la religión como una etiqueta social, que no es practicante y tiene un concepto de la iglesia tan pésimo como el que tiene de los curas. Sin embargo el vecino celebró toda una pequeña boda; más de cien invitados en un restaurante con vistas al mar y unos jardines esplendorosos. Igual algún día, todos estos ciudadanos que como mi vecino se endeudan con préstamos de pagos inacabables, para ejercer de acaudalado ciudadano por unas horas o unos días, formen una plataforma de afectados del mal de la “pompa vana” para reclamar ayuda del Estado por las funestas inversiones que arriesgaron.
Del Estado, muchos esperamos la solidaridad; la caridad es un concepto más candoroso y endemoniado. Sin embargo el Estado, en muchas ocasiones actúa como ese vecino que contrae deudas prescindibles (financiación de la iglesia o concertación de la enseñanza, por ejemplo) y sin embargo se vuelve rácano con inversiones que se antojan imprescindibles.
Cuando del petróleo sabemos que se cotiza cada día más y supimos hace tiempo, que es una fuente de energía agotable y contaminante; cuando se extiende la convicción de la necedad de hacer una apuesta decidida por el desarrollo de energías alternativas, nos enteramos que el Ministerio de Industria tiene la intención de reducir a la mitad la capacidad de generación eólica prevista en el Plan Energético de Andalucía. Es decir, cuando más necesidad hay de apostar decididamente por este tipo de energía, se apuesta por la reducción de la misma, para alegría de esos ecologistas de salón, que brotan como setas allá donde se pretende instalar un aerogenerador o para expectativas de los partidarios de las nucleares.
No entiendo a mi vecino; tampoco al ministro.
Por: Júcaro | Sociedad | Comentarios (3) | Referencias (0)
Ciertamente la sociedad actual se sostiene en torno a lo que algunos teóricos han denominado el "capitaldeterminismo", es decir, el sistema actúan vendiendo cosas absolutamente prescindibles, sin embargo, las impone durante. Un caso espectacular es, por ejemplo, la imposición del teléfono móvil, o, actualmente, del Ipod, incluso en niños que para nada lo necesitan. El modelo económico-publicitario genera productos y la necesidad de consumirlos, en eso se sustenta gran parte del sistema económico, un modelo que, a una cierta parte de la humanidad, muy reducida, ya les suple abiertamente las necesidades básicas. Para continuar haciendolos consumidores ávidos necesitan imponer nuevas pseudonecesidades que permitan mantener el nivel de consumo. Sin embargo, como he sostenido en mi vuelta reciente al blogeo , esta debería ser, no una etapa de desarrollo, sino una etapa de redistribución.
David | 15-05-2006 18:03:10
Hola Júcaro, te devuelvo la visita y también me gusta mucho tu blog. Creo que irás recibiendo mi visita.
Tienes toda la razón del mundo. Nos han convencido de la necesidad de tantas cosas que no nos planteamos cómo nos estan tomando el pelo. Otro ejemplo sería el llegar a solicitar un préstamo para ir de vacaciones, es algo que me parece increíble.
Por aquí también tenemos mucho ecologista de salón de estos que nombras...
Un saludo,
Gemma
Gemma | 16-05-2006 23:19:57
Júcaro | 16-05-2006 23:43:26