Sábado, 06 de mayo de 2006
Suele ser recurrente preguntarse por el papel de los intelectuales. Lo hacía recientemente Thimoty Garton Ahs en El País: ¿Dónde están hoy los intelectuales? De un tiempo a esta parte hablar de compromiso suena a rancio y anticuado; algo similar a lo que ocurre con la canción protesta o la poesía social que parecen etiquetas añejas, de otra época, y sin embargo, ¿no hay motivos para comprometerse?
Escribió el poeta que la poesía es un arma cargada de futuro pero contra ella siempre se levanta el erudito de turno para menospreciar y confundir con propaganda panfletaria la fuerza de la palabra. En estas ocasiones se argumenta que la poesía auténtica, la poesía pura, debe ser inaccesible al lenguaje banal de la realidad cotidiana y al frio lenguaje de la actualidad para alcanzar la absoluta pureza poética. Y sin embargo, a muchos nos conmueve cuando el poeta pide la paz y la palabra, por ejemplo.
Podría pensarse que estamos faltos de referentes intelectuales que nos alumbren; puede que seamos ciegos, que estén delante nuestra y no los veamos, que nos hablen y no les escuchemos; muchas veces ocurrió así. También podría suceder que no los identificáramos; al fin de cuentas un intelectual es un creador, un estudioso o un investigador que adquiere cierto reconocimiento social y pudiera resultar fácil confundirlo con cualquier plumífero o tertuliano locuaz travestido de eminencia. Puede también que sean algo temerosos y prefieran la calidez de sus atalayas a la contaminación que implica tomar partido. Porque implicarse es exponerse a la furia verbal de los expendedores de autenticidades y otras etiquetas; la crítica siempre se cofunde con el insulto o el ultraje. Probablemente siempre sucedió así pero entristece el estancamiento.
La actualidad de estos meses nos deja muestras sobradas de ello; los intelectuales catalanes antinacionalistas, con los que discrepo, han recibido todo un arsenal descalificativo desmedido; Peces Barba fue objeto de una miserable e indigna campaña bien orquestada; con Fernando Savater ocurrió algo semejante; igual trato recibieron aquellos que se posicionaron contra la guerra y estos que defienden los valores de la II República.
Particularmente soy de los que precisa algunos referentes en los que apoyarme para interpretar esta realidad tan vertiginosa; en ocasiones, para discrepar con ellos, en otras para compartir, siempre para aprender. Escribo cuatro nombres que, tengo por intelectuales, y leo con especial atención cuanto de ellos se pone a mi alcance. La Red y la prensa escrita nos facilita el acceso a sus páginas o a sus artículos; Daniel Innerarity, Justo Serna, Juan Goytisolo o José Vidal-Beneyto, entre otras virtudes, tienen en común una enorme capacidad reflexiva, que no es poco.
Por: Júcaro | Sociedad | Comentarios (3) | Referencias (1)
Saludos.
Yo también me siento como una persona que necesita "apoyarme (por los grandes intelectuals) para interpretar esta realidad tan vertiginosa; en ocasiones, para discrepar con ellos, en otras para compartir, siempre para aprender". Ahí creo que está el quid de la cuestión. En el saber aprender, equivocarse porque, quizá, el conocimiento nos puede hacer variar nuestros argumentos. El problema en España, y supongo que en la gran maýoría de paises, es que nuestros políticos se aferran en un discurso unitario, muy difícil el poder variarlo. Intentan buscar la crítica pero les sale una posición en contra de sus adversario. El PP no aceptará una propuesta del PSOE y viceversa.
josedaze | 07-05-2006 14:08:53
Estimado amigo, siempre has sido muy generoso cuando te refieres a mí. Te agradezco nuevamente tu deferencia al calificarme de intelectual. ¿Intelectual? Intelectual es alguien como Hans Magnus Enzensberger, por ejemplo: cosa que yo no soy. Espero, sin embargo, mejorarme con la reflexión. Coincido contigo en que la figura del intelectual, a la que suele denostadarse con frecuencia, sirve para medirnos, para evaluarnos, para averiguar en qué acierta o en qué yerra aquel a quien tenemos por analítico y reflexivo. El intelectual no es un agitador que grita más en medio del estrépito, no. “El primer deber de los intelectuales: permanecer callados cuando no sirven para nada”, decía Umberto Eco en un artículo que yo glosaba meses atrás. En concreto decía el intelectual italiano: “Si se les toma por lo que saben decir (cuando son capaces de ello), los intelectuales son útiles para la sociedad, pero sólo a largo plazo. A corto plazo, únicamente pueden ser profesionales de la palabra y de la investigación que pueden administrar una escuela, ser los encargados de prensa de un partido o de una empresa, tocar el pífano en la revolución, pero que carecen de una función específica propia”. Más aún, “afirmar que trabajan a largo plazo significa que desempeñan su tarea antes y después de los acontecimientos, pero nunca en el curso de los mismos”, dado que no tienen más clarividencia o agudeza o perspicacia que cualquier otro ciudadano arrastrado por el curso de los acontecimientos.
“Cuando la casa se quema, al intelectual sólo le cabe intentar comportarse como una persona normal y de sentido común, como todo el mundo, pues si pretende tener una misión específica, se engaña, y quien lo invoca es un histérico que ha olvidado el número de teléfono de los bomberos”. La posición de Umberto Eco es sensata, sí, sobre todo si consideramos la larga serie de pronunciamientos equivocados y perniciosos de escritores o de artistas, dispuestos a deslumbrar con sus voces a un auditorio que se deja encandilar por la celebridad de quien habla.
Justo Serna | 09-05-2006 09:42:27
Acabo de leer su comentario y reconozco que me he emocionado. No pensaba que alguien a quien admiro tanto, tuviera la delicadeza de responderme de manera tan considerada.
“El primer deber de los intelectuales: permanecer callados cuando no sirven para nada”. Evidentemente entre gritos no se distinguirá al intelectual del demagogo o del encantador de serpientes, pero sin embargo tiene que comprometerse. Y comprometerse no en el sentido de alistarse a unas siglas políticas, ni el de pretender dar lecciones sobre lo divino y lo humano; el compromiso lo entiendo como el ejercicio de tratar con claridad y de manera insobornable los asuntos públicos que están, que interesan, a la sociedad. La autoridad del intelectual no se puede establecer exclusivamente desde el plano teórico de cuestiones que siendo importantes no alcancen la realidad del día a día.
El intelectual debe tomar cierta distancia pero su capacidad reflexiva debe ayudar a comprender lo cotidiano. Ante un problema el intelectual debe detectarlo, analizarlo y proponer salidas, acertadas o erróneas, para que el resto de ciudadanos la consideren, no como un oráculo sino como una guía que ayude a sacar las propias conclusiones.
Un saludo agradecido.
Júcaro | 13-05-2006 21:05:46
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