Domingo, 16 de abril de 2006
¿Señora o señorita?, preguntaba a su invitada en la radio de los años 50 el mítico Bobby Deglané. La pregunta, en apariencia informativa, guardaba su pizca de picardía que hacía sonreír a más de uno. Una señorita siempre puede ser la promesa a una relación libre de maridos molestos. De esta manera inicia su crónica el corresponsal de la Cadena Ser en París, José María Patiño sobre la polémica abierta en Francia sobre el uso del “señora” y “señorita”.
Resulta que un grupo de feministas francesas han elevado una propuesta al Gobierno para que en los documentos oficiales únicamente figure el término “señora” para evitar discriminación o ingerencia en algo estrictamente personal cuando se utiliza el vocablo “mademoiselle”.
Es cierto que los usos lingüísticos varían según las distintas sociedades y los momentos históricos pero el caso que denuncian las feministas francesas es un rasgo común a distintas lenguas para señalar el estado civil de las mujeres; algo que, sencillamente, no ocurre con el hombre. Ocurre en idiomas como el francés, español o inglés donde “Miss” se refiere a una mujer soltera, “Mrs”a una mujer que estuvo casada anteriormente; al hombre adulto simplemente “Mr” ya sea casado, soltero, separado o viudo.
Cuando, nuestros padres, iniciaban una conversación con el referido ¿Señora o señorita? era algo más que el recurrente ¿estudias o trabajas? Probablemente conocer el estado civil de la mujer en cuestión, implicaba la posibilidad de algún escarceo sexual o, al menos, la ilusión de una aventurilla.
Dicen que lo que ocurre en Francia siempre nos llega. Por ello es de suponer, si ya no se hizo, que aquí se plantee esta misma cuestión. Si no se ha hecho habría que hacerlo porque es en el lenguaje donde, con mayor claridad, se perciben algunas de las pautas sociales que han contribuido a la minusvaloración de la condición femenina y a su relegación a un papel secundario o de simple sexual. No parece útil la utilización del informático término arroba (niñ@s, ciudadn@s, para referirnos a niños y niñas o ciudadanos y ciudadanas) cuando utilizamos el lenguaje escrito porque, academicismos aparte, ¿qué hacer cuando utilizamos el lenguaje oral? Evidentemente existen pautas para no caer en la inercia del lenguaje sexista, que no precisan recurrir a al estrambote de la arroba, y que sirven tanto para el habla como para la escritura. Tenemos a nuestro favor un idioma muy versátil y que nos invita a usar el sentido común y la naturalidad. Por ejemplo, el uso de términos genéricos: profesorado en vez de profesor y profesora; infancia por niños y niñas; alumnado por alumno y alumna; juventud para evitar caer en el "jóvenes y jóvenas" de Carmen Romero ; persona en vez de hombre y mujer. También el uso de los nombres abstractos. Alcaldía en vez de alcalde o alcaldesa, nos puede sacar de algún apuro. Cuando no encontremos el vocablo adecuado, un simple cambio en el orden de las palabras nos puede ayudar; en vez de “trabajadores y trabajadoras” tradicional, utilizar”trabajadoras y trabajadores”;al igual con “padres y madres” sustituyéndolo “madres y padres” .
Por otro lado el cambio de papel emprendido hace algún tiempo en el que ya no hay profesiones exclusivamente masculinas o femeninas dan para mucho: amos de casa, azafatos, encajeros, prostitutos,
‘psicópatos’, ‘telefonistos’...
A pesar de estos recursos que tiene la lengua española el sexismo ha penetrado tanto en nuestra sociedad que no escapa ni siquiera al Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia de la R.A.E., edicción de 1984, que es la que tengo a mano.
Señor/ra: Dueño de una cosa; que tiene dominio y propiedad en ella.
Señora: Mujer del señor. Término de cortesía aplicado a casadas y viudas.
No recoge el RAE la acepción de “señor” como esposo de la “señora”; por supuesto que “señor” no se aplica al hombre según su estado civil.
Señorita: Hija de un señor o de persona de representación. Mujer soltera.
Señorito: Hijo de un señor o de una persona de representación. Joven acomodado y ocioso.
En Andalucía el vocablo “señorito”, a parte de no sugerir su estado civil, al contrario de lo que ocurre con el término “señorita”, tiene otras connotaciones y se puede aplicar tanto a un joven como a un hombre entrado en años; también puede utilizarse tanto como signo de respeto, sumisión o despecho.
En definitiva hay que potenciar el uso racional del lenguaje y dejarnos de inventos raros. Contamos con un léxico rico y suficientemente variado como para encontrar recursos que eviten situaciones como la que Mingote reflejó en uno de sus chistes: “El retrato de esta mujer lo ha pintado este artisto”
Por: Júcaro | Sociedad | Comentarios (1) | Referencias (1)
Sebastian | 17-04-2006 09:52:52
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