Sábado, 01 de abril de 2006
Escucho a dos políticos marbelleros opinar sobre la situación tras el desalojo del Ayuntamiento y la detención de la alcaldesa; me causan una penosa impresión. Resulta patético que, incluso en esta situación tan tremenda, estén más pendientes de buscar réditos políticos que en encontrar soluciones.
Marbella es una de las ciudades referencia de España, en el extranjero, junto con Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia, entre otras. Este escándalo, por lo tanto, no es uno más de los muchos que salpican a tanto munícipe que gestiona eso tan pegajoso del urbanismo, ejemplos hay más de uno, dos y tres. en distintas provincias y comunidades del litoral o del interior. La secuencia de escándalos es bastante conocida y como escribe atinadamente Juan Varela se corre el riesgo de utilizar el peligroso show de Marbella como un espectáculo televisivo más. Porque algunos vieron en las bravuconadas de Jesús Gil una oportunidad para el espectáculo mediático y así fue paseado y exhibido, por aquello de la audiencia, como un showman cualquiera. Algunos medios, si tuvieran memoria y dignidad tendrían que tener cuidado.
Algunos sectores se rindieron ante la “eficacia” de GIL. Dicen que antes de él, Marbella era el compendio de todos los males, que cuando gobernaban los socialistas, había de todo: suciedad, prostitución, delincuencia y sobre todo una regulación urbanística que asfixiaba el crecimiento de la ciudad e impedía el aprovechamiento de la enorme potencialidad que tenía Marbella. Para estos la aparición de Gil fue como una bendición: limpió las calles, embelleció la ciudad, hizo de Marbella una ciudad segura porque retiró a los mendigos de las calles para que las mafias pasaran a escena y las prostitutas de la calle fueron sustituidas por otras, exclusivas de ciertos niveles adquisitivos), pero, sobre todo, permitió construir allí donde los socialistas habían frenado cualquier progreso.
Así se expresaban muchos de sus adeptos. No les importaba que la democracia se apaleara todos los días. Había que adorar al nuevo becerro de oro y lo importante no era que se transgredieran las normas urbanísticas, si las normas eran un estorbo simplemente pedían que estas se cambiaran. Lo interesante era acabar con las restricciones que imponía la Junta de Andalucía. Si los procedimientos gilerianos no eran los deseables, no importaba; primaba, sobre todo, el beneficio económico, la opulencia y la apariencia de desarrollo.
Jesús Gil pasó por la cárcel y probablemente su edad y la muerte le privaron de volver a ella; su sucesor, Julián Muñoz, ya ha sido condenado y tiene pendiente diversas causas; ya iremos conociendo el camino penitenciario que debe recorrer probablemente entre "flases", cámaras de televisión e imágenes de alguna tonadillera compungida; la que todavía es alcaldesa, sigue convulsionando la actualidad y ¿sorprendiendo?.
No dudo de la capacidad de los ciudadanos de Marbella para votar libremente pero hoy se constata que acertar, lo que se dice acertar, no acertaron y que sucumbieron ante la demagogia y las apariencias.
Los partido políticos tradicionales deberían aprender para diferenciarse de estos salvadores de la patria, del todo por la pasta, y recapacitar sobre su incapacidad para conectar con la ciudadanía porque el espectáculo continuado de Marbella es, sobre todo, el fracaso de los partidos políticos tradicionales.
De cualquier manera, recordando la opinión de esos dos políticos marbelleros buscando denodadamente la lectura partidista del escándalo, poca esperanza queda. Y lo peor, Marbella no es el caso, Marbella es un caso que se reproduce por toda la geografía. Por ello, ante este panorama de tanto irresponsable urbanístico cabe esperar, acaso desesperar, que los muchos responsables del urbanismo se conjuren para eliminar todo trasiego mafiosos entorno a los ladrillos.
Otros comentarios:
La sostenibilidad del ladrillo
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