Martes, 28 de marzo de 2006
Si hay algo que los ciudadanos valoran en los políticos es la solvencia personal, la claridad de ideas y la capacidad para saber articularlas en un mensaje comprensible y creíble. No deben pensar de esta manera los sesudos asesores del Partido Popular y su líder Rajoy porque, desde el mismo día de su derrota electoral se pusieron manos a la obra para idear una estrategia informativa que bien podríamos resumirse en algo parecido a: ”Dilo claro para que te entiendan y confuso para que no te pillen”.
Más claros se han mostrado tanto sus portavoces y como su mentor: Acebes se ha esmerado, con su verbo fluido y su trauma a cuestas, en recordarnos la incompetencia de su gestión; Zaplana, dicharachero y faltón, hizo méritos para que no olvidáramos sus ruedas de prensa como portavoz del gobierno, utilizadas para descalificar e insultar, y sus famosas campañas publicitarias entre otros prodigios; Aznar, aquejado de amnesia selectiva, no ha perdido ocasión para ofrecer muestras de su humildad personal, categoría política y capacidad para mentir. De vez en cuando, aparecía la caspa ibérica de Martínez-Pujalte, que es algo así como la versión aforada del radiopredicador para que los forofos bramaran como posesos y ofrecernos, con frecuencia, un triste espectáculo circense.
Mientras tanto, Rajoy se afanaba en decir y desdecirse un día y el siguiente, cuando no en el mismo día. Hacer memoria de sus frases y disparates colosales aburre porque repite los mismos disparates con la misma frecuencia que recurre al insulto.
El problema de Rajoy es su inconsistencia política. Ha sido tratado exquisitamente por la prensa que le ha investido de unos ropajes que parece no pertenecerle. Dialogante, abierto, sereno, moderado, inteligente o brillante son algunos de los calificativos con los que el señor Rajoy ha sido calificado por la prensa y, sin embargo, él se ha esforzado en demostrar lo contrario. Aún no ha llegado al paroxismo de Aznar, situándose a la altura de los grandes protagonistas de la historia, pero parece estar capacitado para hacerlo cuando reciba la orden.
Rajoy, hasta hoy, se ha mostrado como el dirigente de una derecha extremista y radicalizada que implora la restitución del poder que los ciudadanos le quitamos. Rajoy, al fin de cuentas, sólo es un triste aspirante; el esbozo de un estadista de plastilina confeccionado con los hilillos del rencor, de mentiras y otras miserias. Hasta el día de hoy Rajoy se ha mostrado como un líder de plastilina a merced de la presión que los dedos del trío Aznar, Zaplana Acebes y de poderes mediáticos tan mesurados como los que le dictan cómo tiene que actuar. A partir de hoy tiene la oportunidad de demostrar que tiene vida propia, que es autónomo de tantas insidias. A partir de hoy sabremos si Rajoy seguirá siendo un líder de plastilina, o no.
Por: Júcaro | Política | Comentarios (0) | Referencias (1)
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