Lunes, 27 de febrero de 2006
Es como una obra teatral representado por actores sordomudos y, de alguna manera, más tiene que ver con un juego de sombras chinescas que con el uso de la palabra, de la dialéctica o de la persuasión. Lamentablemente la política desarrollada en el Parlamento consiste en el arte de realidades mal representadas y peor interpretadas. Su objetivo, convertir la actividad parlamentaria en la caja de resonancia adecuada para que llegue hasta los ciudadanos a los que se les supone simples esponjas capaces de absorberlo todo. De poco vale el esfuerzo dialéctico o argumental, si alguna vez se produce, porque todas las cartas están previamente marcadas y, dígase lo que se diga, de nada vale cuando un actor secundario levanta el brazo para indicar, con sus dedos, cómo deben responder los de su bancada. No hay espacio para la persuasión; el ingenio está vetado, la osadía castigada.
Cuando sea miércoles puede comprobarse. Porque todos los miércoles suele haber sesión de control al Gobierno y el espectáculo reitera semanalmente la misma monótona representación. Preguntas que no quieren saber las respuestas y respuestas que, en ocasiones, se convierten en preguntas. En consecuencia; escenificación inútil e intranscendente por mucho que parezcan encenderse los ánimos y pierdan la compostura que algunos nunca tuvieron.
En la última sesión de control que retransmitieron, cansado de tan reiterada escenificación de la misma obra, decidí apagar el sonido para detenerme en los ademanes, en las expresiones de sus señorías, en sus rostros, en las miradas, en las risas, sonrisas y carcajadas. Si se observa bien, toda esa tipología de gestos es mucho más expresiva que la dialéctica monocorde y agotada que nos ofrecen cada miércoles. Enmascarados en la hoja de ruta que les indica la mano del controlador de voluntades del grupo, todo se limita a buscar un titular de prensa. Si el espectáculo es más deprimente que venturoso, carece de importancia, lo realmente útil es que algún medio de comunicación recoja la algarabía que se monta, no importa por qué motivo ya que el propósito de tanto estruendo es mantener engrasada la máquina de la propaganda y prieta las filas de sus incondicionales.
El Partido Popular se ha especializado en montarla en cada sesión. Sacan a escena al trío que siempre nos anuncia las calamidades más horripilantes y cuando la dosis no satisface sus necesidades dan paso a la caspa personalizada en Martínez Pujalte; entonces, el mayor espectáculo del mundo está servido.
Cuando sea miércoles puede comprobarse.
Por: Júcaro | Política | Comentarios (0) | Referencias (1)
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