Domingo, 19 de febrero de 2006
Uno de los animales que más veces ha servido como símbolo del poder es el águila. En la época clásica de griegos y romanos ya fue utilizada como símbolo religioso, militar o político. Del imperio romano a la actualidad pasando por la Edad Media el águila, ya real ya imperial, siempre ha tenido presencia en la simbología de occidente. Alemania ha variado de una a otra, según el momento histórico; en la actualidad aparece en las banderas de Albania o de México; igualmente, y para deshonra de éste animal, la España franquista la utilizó para simbolizar que ella era la ave de presa que clavaría sus garras sobre cualquiera que osara, en pensamiento u obra, discrepar de los fueros impuestos.
Tanta simbología de poder -religioso, militar o político o con los tres ingredientes simultáneos tan frecuente en algunas dictaduras-, no puede servir para volvernos insensible ante la situación que éste animal tiene en la actualidad.
No ha tenido la repercusión que el caso merece, la aparición de tres águilas imperiales ibéricas muertas en la provincia de Cádiz. Y sin embargo el caso merece la atención de todos. Entre otras cuestiones porque el águila imperial ibérica es un ave de presa escasa y amenazada, en peligro de extinción. La persecución humana, el uso de venenos o los tendidos eléctrico son elementos que han jugado un papel fundamental para que así sea. Muchos esfuerzos e iniciativas han ido surgiendo para evitar su desaparición total; la noticia del hallazgo de tres ejemplares muertos en la provincia de Cádiz pone en peligro el esfuerzo por recuperarla.
En el “Proyecto de reintroducción del águila imperial ibérica en Cádiz” elaborado en 2000, se podía leer:
Actualmente, la población mundial de la especie, toda ella en territorio peninsular español, está estimada en poco mas de 150 parejas. Por su reducido estatus y para promover su conservación fue elegida “ave del año 2000”. Su población consiste en una serie de subpoblaciones de pequeño tamaño (menos de 30 parejas) con un nivel
de intercambio medio-bajo, estando algunas de ellas claramente aisladas. Este tipo de distribución es típicamente inestable y paso previo habitual de los procesos de extinción. La posibilidad de persistencia de este tipo de sistemas es muy sensible al nivel de intercambio entre subpoblaciones, tanto por aspectos genéticos como por la recuperación de extinciones locales.
Por: Júcaro | Sociedad | Comentarios (0) | Referencias (0)