Lunes, 30 de enero de 2006
La publicidad institucional debe ser, ante todo, útil y veraz. La comunicación entre instituciones y ciudadanía es un elemento necesario para que los administrados conozcan proyectos y datos de interés; sin embargo, en ocasiones, nuestros políticos utilizan los recursos públicos para publicitarse con intenciones propagandísticas.
Hace unos días escuché una cuña publicitaria, en una emisora de radio, que sorprendía porque la lealtad institucional debiera prevalecer sobre colores políticos y porque, al hacerse con dinero público sería conveniente que se publicitara desde el respeto a los ciudadanos, que es lo mismo que pedirle autenticidad y decoro en sus campañas “informativas”. Se autocomplacía el ayuntamiento de una ciudad andaluza, en la referida cuña, de su enorme contribución a la restauración del casco histórico de la ciudad; en ningún momento se hacía referencia, directa o indirecta, a otras instituciones que han participado en el proyecto. Igualmente, en otra cuña, se afirmaba que el ayuntamiento contribuía a mejorar la calidad en la enseñanza porque: invertía en la limpieza de los centros escolares, cedía suelo público para la posible construcción de nuevos centros y programaba actividades extraescolares. Es decir esa corporación hace lo que todos los ayuntamientos, sin embargo gasta dinero en publicitar algo que todos conocemos.
Dispendio, egoísmo o simple estulticia; en cualquier caso, falta de respeto a los ciudadanos y falta a la verdad. Ejemplos similares, en cualquier caso torpe y manipuladora, pueden encontrarse en otros ayuntamientos y administraciones independientemente de la opción política de sus gestores políticos.
Sin cuestionar la necesidad de ciertas campañas publicitarias o preventivas en temas obvios como tráfico o sobre el uso correcto de medicamentos, por citar unos ejemplos, todos podemos recordar campañas que son burda maniobra política y que utilizan recursos públicos con la pretensión de engordar la cesta de votos. Afortunadamente quedaron en el recuerdo aquellas campañas, estilo Zaplana, sobre las pensiones. Por ello, y antes que el actual Gobierno repita el modelo de sus predecesores, es necesaria la regulación de la publicidad institucional para evitar situaciones indecorosas como las referidas. Porque, en su pequeñez, algunos políticos nos tratan como menores de edad y lo peor; se lo creen.
Por: Júcaro | Sociedad | Comentarios (0) | Referencias (1)
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