Domingo, 15 de enero de 2006
El siempre sorprendente Blair anuncia el programa “Respeto”. Justifica este programa por la necesidad de afrontar con contundencia aquellos comportamientos que no llegan a los tribunales; afirman que, como objetivo prioritario, quiere imponer los buenos modales a sus conciudadanos. Así las cosas, si Rajoy fuera inglés probablemente tendría que pensárselo mejor antes de volver a hablar.
Porque el siempre considerado moderado, no pierde ocasión para poner en práctica esa afición predilecta de muchos de no dejar títere con cabeza. En realidad, sus declaraciones de insultos reiterados contra Zapatero no deja de ser un número circense más, acaso para afianzarse entre los suyos y sus voceros mediáticos o para demostrar, cada vez que habla, su vulgaridad; porque como escribió Julián Marías: “Uno de los indicios más claros para descubrir la mediocridad es la tendencia a la descalificación”. El hasta hoy líder de la derecha no se limita a descalificar, sino que se apoya en el insulto personal para hacer su labor de oposición.
El último episodio, al que sin duda seguirán otros, por los motivos que se le antojen a Rajoy y a otros líderes del PP, viene motivado por la incapacidad del líder popular para diferenciar el derecho individual de reunión y participación que recoge la Constitución (esa que ellos dicen defender tanto) y la convocatoria que realiza una organización ilegalizada.
Esa diferencias entre un derecho individual y la situación de ilegalidad tiene que solventarla los órganos competentes para ello pero la caverna exige al Gobierno que intervenga. Si la discrepancia de fondo se planteara de manera razonada no tendría nada que objetar, sería distintas formas, lógicas en democracia, de afrontar cualquier cuestión; pero cuando lo hacen desde la descalificación y el insulto personal debemos ser conscientes de la necesidad de bronca y ruido que precisan para estar en las primeras páginas.
El castellano es una lengua muy rica y admite innumerables recursos expresivos; quien se refugia en el insulto no sólo demuestra incapacidad sino pobreza expresiva o simplemente exterioriza algún fenómeno patológico. Esta patología no debe suponer una anormalidad somática, ni siquiera psíquica; probablemente esté causado por algún pasaje biográfico que bien pudiera estar relacionado con lo que supuso el 14-M.
Convencido que continuará insultando, es difícil que se retracte y que le permitan hacerlo, el señor Rajoy tendrá que subir el diapasón de sus injurias cada día un poco más y la pregunta que nos podemos hacer es cuál será la intensidad de sus insultos cuando llegue la campaña electoral.
Comentarios ralacionados:
Política de insultos
Rajoy tiene un libro
Los crispadores en la otra esquina
Por: Júcaro | Política | Comentarios (0) | Referencias (1)
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