Domingo, 01 de enero de 2006
Los políticos no son distintos del resto de mortales sino que configuran una genuina y auténtica representación de lo que somos como colectivo. Tampoco son una casta especial y, por ello, encontramos personajes de diferentes pelajes, de todos los caracteres, intenciones y sensibilidades, como en cualquier ámbito social. Pero el político, al convertirse muchas veces en el muñeco de trapo sobre el que descargar nuestras energías, se convierte en nuestra válvula de escape.
Existen políticos que tienen cosas que decir y las dicen; otros tienen poco que decir y no callan; incluso existe algún parlamentario que, cuando hablan otros portavoces, suele huir del hemiciclo como un simple puercoespín. Por otra parte, eso de la locuacidad o la discreción; eso de la búsqueda del titular que permita copar primeras páginas, tiene sus riesgos y suele tornarse boomerang con frecuencia. Se supone que quienes a estas argucias se prestan, son conscientes de ello pero tienen que jugar el papel que les tiene reservado el partido y, se supone igualmente que su ética personal y sus principios son fácilmente plegables. Claro que también se podría hacer referencia a la corrupción pero este sendero, simplemente, conduce a los juzgado de guardia.
El asunto está en nuestras manos; no en la de los partidos políticos, que también; ni en las del Gobierno o del Estado que por supuesto; el asunto está realmente en nosotros mismos. Si todos nos interesáramos por los problemas verdaderamente importantes –supongamos: la erradicación del hambre; respeto a los derechos del hombre; la conservación de la naturaleza; tener una clase dirigente mejor- mañana mismo tendríamos una nueva sociedad. Pero en realidad estos temas no nos interesan, o para ser más exactos, sólo interesan a unos cuantos, y por ello, la gran mayoría de nosotros, nunca tenemos tiempo para estas cuestiones.
Tenemos tiempo para otros asuntos; ganar dinero, divertirnos, practicar deportes, leer, amar, conversar, estudiar. Todas estas, y otras actividades, son muy necesarias y válidas, pero cuando se trata de prestar atención a esos otros temas es más fácil plantearnos la cuestión como reproche al poder, a las multinacionales, a las religiones, al capitalismo, o sencillamente volcando nuestro “pasotismo” en la clase política. Entonces calificamos a todos de interesados, egoístas o defensores de sus propios intereses para concluir con el terrible “todos son iguales”. También es cierto que los políticos no ayudan mucha a cambiar esa imagen que tenemos de ellos, pero... de nosotros depende.
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Por: Júcaro | Política | Comentarios (2) | Referencias (1)
Júcaro a veces, y ahora, en estos momentos de resaquilla, y después de charlar largo y tendido con gente de a pie, trabajadora que le importa un pito eso de derecha o izquierda, puedo entender que a veces y sólo a veces es muy saludable vivr sin política, aunque en realidad sea una quimera. Tu artículo ilumina una gran verdad.
Un saludo.
Sandra Berlanga | 02-01-2006 23:35:25
Pero vivir sin política es algo imposible. Cuando lamentamos el funcionamiento deficiente de servicios básicos,cuando nos quejamos de tener insfraestructuras insuficentes,de malos servicios públicos;cuando hablamos de estas cuestiones estamos hablando de política. Desde luego que podríamos "desconectar" del enfrentamiento meramente partidista pero siempre detrás de tanto ruido siempre hay intereses y grupos financieros que están posicionándose constantemente en favor o en contra de unos u otros. Lo que reclamo es mayor implicación ciudadana en losasuntos públicos, más allá de la discusión enuna tertulia o en cualquier foro.
Está en nuestras manos cambiar aquellas costumbres que deploramos de nuestros representantes. Tenemos que tomar partido y "mancharnos". También se podría tener otra actitud; discutir sobre el sexo de los ángeles pero ¿a qué conduce? ¿y los que no creemos?
Saludos.
Júcaro | 03-01-2006 22:41:53
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