Martes, 20 de diciembre de 2005
Dicen que el trabajo es salud, pero todos buscamos la fórmula para conseguir el máximo beneficio con el menor esfuerzo posible. Cada día miles de españoles están, estamos, pendientes de los diversos sorteos que tienen lugar. Pero el sorteo de la Lotería de Navidad es el más emblemático de todos. En la memoria colectiva de muchos, navidad se asocia con reunión familiar; ingesta de productos característicos; belenes que fueron sustituidos, acaso por efecto de la globalización cuando esta palabra aún no se usaba, por arbolitos repletos de luces y colores; villancicos; las campanadas de inicio de año y otros recuerdos. Pero el sonsonete de los niños del Colegio de San Ildefonso que desde muy temprano, y en vísperas de la navidad, hacía tener pendiente de la radio o televisión a muchas familias, era la señal inequívoca que las fiestas de navidad habían llegado.
Antes de aparecer la sociedad de consumo, cuando se adquiría aquello que se necesitaba, ya existía la lotería y otros juegos de azar que tenían como objeto el conseguir dinero de una forma poco laboriosa. Prácticamente todos adquirimos, un décimo, una participación y al hacerlo la cabeza se llena de ilusiones, de cuentos de la lechera y de fantasías. Porque soñar no cuesta nada o casi nada; la inversión de unos cuantos euros proporciona al menos la posibilidad de imaginar que esa exigua cantidad se multiplique lo suficiente para permitirnos vivir de las rentas durante el resto de nuestra existencia. Y si se nos desmorona el fantasioso castillo de naipes, siempre hay un mañana y otro sorteo para cada día de la semana.
Son pocos los que se resisten a “la ilusión de cada día”, a la llamada de la codicia; porque no sólo juegan los necesitados, incluso éstos jugarán menos porque un euro es un euro y comer hay que comer. Es difícil eludir la tentación; el rosario de sorteos tiene cada vez más cuentas y nosotros cada día más necesidades. En el supuesto de rechazar la Lotería de Navidad tendremos que prepararnos para eludir también otras opciones para hacernos asquerosamente ricos aunque sólo sea en sueños. Porque cuando no es el cupón de la ONCE, ahora anuncia otro “cuponazo”, es el Euromillonario, la Lotería Primitiva, la Quiniela, Lotería Nacional con sus periódicos sorteos extraordinario o la Bono Loto. Todos estos sorteos se complementan con los casinos, bingos, las máquinas “B” o distintos tipos de apuestas.
Tanto juego, tanto buscar la suerte, es la constatación de la falta de confianza en el trabajo, algo lógico con los salarios y eventualidad de los contratos laborales, y en nosotros mismos, ya que preferimos echarnos en brazos de la fortuna antes que forzar el cambio de una realidad que no nos gusta
Por: Júcaro | Sociedad | Comentarios (0) | Referencias (1)
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