Lunes, 19 de diciembre de 2005
Los medios de comunicación nos bombardean con eslóganes, cuñas, e imágenes que nos hacen llegar cientos de mensajes al día; dicen que estamos en la era de la imagen. Si es así cabría preguntarse cuántos de esos mensajes recordamos al poco tiempo o si mantenemos, en nuestra memoria y durante más tiempo los amables sobre los desabridos e irritados. Éstas y otras preguntas tendrían que responderse los estrategas de la derecha.
La caverna ha optado por el insulto permanente. La única vez que consiguieron el poder lo hicieron desde la crispación. Es cierto que el partido socialista abonó el terreno abundantemente y, no es menos cierto, que algunos medios jugaron un papel decisivo al magnificar o minusvalorar convenientemente cada caso según el partido afectado. Luego, cuando alcanzaron el poder y, especialmente al lograr la mayoría absoluta, volvieron a las andadas; todos recordamos sus comportamientos. Después perdieron el gobierno por arrogantes, por dar la espalda a una gran masa social y por mentir, en medio del dolor, por una triste saca de votos.
El problema de optar por la crispación, aparte de la denigración que comporta, estriba en la necesidad de subir cada día un peldaño más en esa escalada difamatoria porque, una vez acostumbrado a la descalificación más ignominiosa, a poco que se baje en la intensidad de los insultos, el globo se desinfla. Así las cosas, emprendida la senda de la ofensa, no hay vuelta atrás; se injuriará hasta el final.
Zapatero ha optado, desde que se convirtió en referente socialista, por todo lo contrario. Buenas palabras, sonrisas, diálogo y un tender la mano permanente. A la derecha más reaccionaria le molesta la cortesía de Zapatero y sus modales educados; como si la buena educación fuera privilegio de la derecha. En ese enojo equiparan cortesía con vaciedad; incluso han inventado el término “buenismo”, plagado de connotaciones peyorativas, para descalificar esa forma de proceder.
Dicen que estamos en la era de la información, de la imagen, si así fuera quién puede extrañarse entonces que un político sepa usar estos elementos para llegar antes y mejor al ciudadano. De los políticos nos llegan declaraciones solemnes, amenazadoras de lo que nos espera de no seguir las pautas que nos dictan; alguno mirando al piloto de la cámara, como mirándonos a los ojos, nos mintieron sobre la existencias de unas armas que nunca existieron sino en la imaginación de algunos iluminados. Zapatero frente a la catástrofe permanente, la bronca o el desafío, ofrece amabilidad, contenidos positivos y alguna sonrisa que tal y como estaba el patio no es poco.
Por: Júcaro | Política | Comentarios (0) | Referencias (2)
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