Jueves, 24 de noviembre de 2005
Zapatero es del Barcelona. Nunca lo ha ocultado. De momento sólo le ha servido para que la señora Aguirre, en un gesto más de la sutileza política conservadora, le espetara que maltrataba a Madrid por ser del Barça. Que sea del equipo de la ciudad condal, del Madrid o de la Cultural Leonesa es irrelevante. Pero, puesto que es seguidor del equipo catalán, debiera aprender la lección que éste ofreció el pasado 19 de noviembre.
Los partidos hay que salir a ganarlos con los mejores argumentos que se tienen; ningún escenario puede distraer la forma que un equipo grande tiene de concebir el fútbol; si el estilo es ofensivo no cabe temores ni cálculos cabalísticos. Cada uno tiene que jugar sus bazas. Desde estos planteamientos, o similares, jugó el Barcelona su partido en el Bernabéu; esa lección es la que tendría que aprender Zapatero.
Ya se sabe que el Partido Popular no le dará una sola oportunidad y, en su obsesiva fijación por recuperar el poder, no escatimará ni adjetivos ni insultos; ellos han dictado sentencia y no hay estado de derecho ni presunción de inocencia que valga: Zapatero es culpable por acción u omisión de lo que pase o deje de pasar. Además cuentan los conservadores con una clac mediática fiel que anima y alimenta la crispación; si aflojan un poco la cuerda surgen sus medios para tensarla de inmediato.
Todo esto es conocido. Por ello ZP, al igual que el Barcelona jugó fiel a su estilo, tiene que jugar su partido y su encuentro está en el entendimiento con otras fuerzas políticas, en la materialización del programa electoral y el discurso de investidura. En la fidelidad a esos enunciados encontrará a muchos ciudadanos. Si se juega en esos términos, y en el del “no nos falles”, el ciudadano, como hizo el aficionado madridista, tendrá que rendirse a la evidencia.
Por: Júcaro | Política | Comentarios (0) | Referencias (0)