Jueves, 20 de octubre de 2005
Una veintena de jóvenes interrumpieron el acto de investidura “honoris causa”, por la Universidad Autónoma de Madrid, de Santiago Carrillo. La reacción de los asistentes fue aplaudir al homenajeado y, a gritos, pedir la salida de los alborotadores. Como suelen ser pocos y cobardes, este grupo de jóvenes abandonaron el acto.
Se trataba de un reconocimiento a la contribución que el anciano líder comunista realizó por favorecer la “reconciliación nacional y su decisiva aportación al proceso de transición democrática”. Hablar de reconciliación, en estos días, parece una ofensa para quienes desde ciertos púlpitos vociferan venganza por unos actos que el pueblo español decidió pasar página cuando se otorgó la Constitución de 1978; curiosamente estos mismos son los que intentan sobresaltar a los españoles con supuestos ataques a la Constitución. No lo son, pero si estos fueran los defensores de nuestra Carta Magna, apañados estaríamos. La Constitución no los precisa porque sabiamente, ella misma, contiene los mecanismos de defensa para que nadie se erija en su salvador.
Porque, al fin de cuentas, aquellos que se presentan con esas intenciones, sólo quieren apropiársela; aquellos que hablan del espíritu de la transición y, simultáneamente, alientan actos como el de hoy en la Universidad, son los que la invocan de manera falaz e interesada. Aquellos que siempre encuentran el asunto oportuno para el enfrentamiento debieran pensárselo dos veces antes de continuar.
La extrema derecha, que sólo son veinticinco, tiene que ser desalojada de los ámbitos propios de la derecha democrática y constitucionalista; una hipotética saca de votos no puede ser el precio.
Por: Júcaro | Política | Comentarios (0) | Referencias (0)