Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Descosido

Miércoles, 12 de octubre de 2005

El Paraiso en la otra esquina

En busca de un sueño
hermoso y rebelde. En busca de un sueño
que gana y que pierde

Silvio Rodríguez


Flora Tristán jugaba al Paraíso en Auxerre; muchos años después observó a un grupo de niños de Arequipa jugando al juego que ella pensaba francés. Paul Gauguin también lo jugó en su infancia; más tarde, en una lejana isla del pacífico sur, comprobó cómo aquel entretenimiento infantil había llegado hasta tan recóndito lugar.
- ¿Es aquí el Paraíso?
- No. No es aquí, en la otra esquina
Mientras se formulaba esta pregunta, el resto de jugadores cambiaban de posición.

Durante la infancia jugábamos también al paraíso, pero en una modalidad más prosaica ¿Tienes fuego?, preguntaba el que la llevaba; “Allí enfrente humea”, aspirando la h hasta convertirla en j, respondía el interlocutor mientras el resto corría de esquina en esquina del zaguán del colegio

Este juego antiguo y con múltiples variantes puede servir como metáfora de la vida. El hombre siempre ha buscado el paraíso y, sin embargo siempre le ha resultado esquivo, siempre lo enviaron a la otra esquina. Acaso como ejemplos de soñadores o buscadores de los paraísos perdidos o de los paraísos que nunca existieron, Vargas Llosa escogió a la socialista Flora Tritán y a su nieto, Paul Gauguin , un pintor que convulsionó los cánones estéticos contemporáneos, para convertirlos en personajes literarios al recrear sus intensas y rebeldes existencias.

Dos personajes en busca de un sueño, con dos concepciones de vida diferentes, unidos por una vocación férrea de defender sus ideas por encima de cualquier obstáculo. Dos personajes en busca del paraíso. Dos paraísos radicalmente distintos. Esos dos paraísos les serán esquivos y ambos se sublevaran constantemente por alcanzarlos. Para la abuela el paraíso es un espacio de libertad, de integridad, de respeto a los derechos de los trabajadores, un lugar de donde desterrar la iniquidad, injusticia social, la pobreza, la miseria y la ignorancia. Para el nieto, el paraíso es menos ambicioso. No pretende convencer a los demás de las virtudes de su pintura, de su experiencia, simplemente busca un lugar donde poder pintar y vivir la vida de la manera más natural. Cuando deja su profesión de agente de bolsa y su cómoda vida familiar y profesional para dedicarse a la pintura ya había descubierto cierta aversión por lo convencional y por la civilización mojigata de una Europa vieja y decadente. Entonces busca el antídoto en la vida natural, en la ingenuidad que encarna la gente sencilla. Su arte necesita un estilo simple, alejado de la realidad inerte del pintor fotógrafo, del detallismo del realista ni el virtuosismo de los impresionistas.

Cuando Gauguin se embarcó en 1891 rumbo a Tahití lo hacía con la intención de llegar a un paraíso con nativos que vivían en sensual armonía con la naturaleza y sus antiguas deidades. Pero cuando llegó los tahitianos ya habían sido “civilizados” por los misioneros católicos y protestantes así como por los administradores coloniales franceses. Entonces Gauguin intentó recrear en sus cuadros, esculturas y grabados ese paraíso perdido que en su mente era un mundo idílico de mujeres desnudas, pareos llenos de colores, paisajes exuberantes y espíritus extraños.

El autor afirmó, en algún acto de promoción de El Paraíso en otra esquina, que este libro “tiene más de novela que de memoria histórica”, y que “lo inventado es más importante en la obra que lo histórico”. Sin embargo eliminando secuencias concretas de la narración, pasajes puntuales, producto efectivamente de la fantasía que no responden a la realidad, lo cierto es que el Mario Varga Llosa consigue describirnos muy certeramente a los personajes reales. El retrato que nos traslada, la semblanza de Flora Tristán y Paul Gauguin resulta ser de gran fidelidad y logra conectar dos formas de vida y modos de pensamiento que, aunque siguen caminos paralelos en la forma de conseguir sus objetivos, persiguen un fin único en el sentido de alcanzar lo inalcanzable y desprenderse de muchas cosas para lograr tal objetivo.

Hasta su lectura únicamente sabía de Flora Tristán por un pequeño libro de Iris M. Zavala titulado “El texto en la Historia” que recogía algunos artículos sobre novela, modernismo, literatura popular, literatura e ideología o socialismo decimonónico. La escritora puertorriqueña nos presenta a Flora Tristán como una mujer que “absorbió toda las corrientes sociales de la época y, finalmente, propuso su sueño de una sociedad más justa, de un mundo más feliz: un proletariado consciente e internacionalista que luchara por las causas de los esclavizados” (pág. 187 “El texto en la Historia” de Iris M. Zavala)

Podría afirmarse a modo de conclusión que esta novela es la historia de una mujer que nació en 1803 e intentó construir un paraíso, y de su nieto artista que moría en 1903 que intentó encontrar un paraíso perdido. También la historia del fracaso de una búsqueda pero que nos deja el ejemplo de una vida y una obra impresionantes. No podré concluir afirmando que esta es una gran novela, tampoco que he gozado de manera especial con su lectura. Sólo escribiré que me ha servido para conocer un poco más a dos personajes históricos y entenderlos algo mejor.


Por: Júcaro | Cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos

Categorías

Post destacados

Pósito

Canales temáticos

Blogs

Medios

    Sindicación

    Añadir a Feedness
    RDF XML ATOM

    directorio de weblogs. bitadir
    Image Hosted by ImageShack.us BloGalaxia Mi primer Blog...pero gratis
    Descosido MySpace Layout Codes

    Titulares

    Otro blog

    LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009