Jueves, 06 de octubre de 2005
En estos días todos comentamos sobre dos asuntos de actualidad: el Estatut e inmigración
Toda la polémica entorno al Estatut de Catalunya debe ser desdramatizada. Es evidente que este asunto levanta pasiones pero, si confiamos en nuestras instituciones, parece fuera de lugar tanta exacerbación, tantos lugares comunes y tanto enfrentamiento verborréico inútil y desaforado. De momento el procedimiento es el previsto: aprobado en el parlamento autónomo debe pasar al Congreso de los Diputados y en él hay la posibilidad de enmendar cuanto se considere necesario. De aprobarse quienes consideren el nuevo texto fuera de la Constitución pueden recurrir a los tribunales competentes; al final, la seguridad de la plena constitucionalidad del Estatut, o todo lo contrario.
La crispación parece más bien interesada; existe una fuerza política que se cobija permanentemente bajo el paraguas de “España se rompe”, convencida que le proporciona suculentos réditos electorales.
El otro asunto es el de la inmigración. Cuando los inmigrantes han pasado la valla fronteriza muchos miraron a Marruecos. El país vecino ha actuado y su forma de proceder no puede sorprender. Nos informan que han muerto seis personas, que centenares son puestos en pleno desierto en condiciones lamentables, inhumanas: éste si que es un problema. Aquí si que tenemos que exigir al Gobierno que actúe desde otras sensibilidad. La repulsa de toda muerte violenta no debe conmovernos según se produzca a un lado u otro de la valla
Por: Júcaro | Inmigración | Comentarios (0) | Referencias (0)