Domingo, 02 de octubre de 2005
Pasó septiembre, no ha llovido y sin noticia de que pueda hacerlo próximamente. Mucho se habla del cambio climático, del efecto invernadero del agujero de ozono, de la desertización o del deshielo del Ártico por ejemplo. Unos teorizan sobre la evidencia del cambio climático otros cuestionan esta teoría para recalcar que la lluvia como la temperatura están sometidos a periódicos cíclicos de abundancia o escasez. Sea cual fuere la tesis más cierta, lo que nadie cuestiona es la necesidad de tomar medidas que minimicen el efecto invernadero y la modernización de nuestras infraestructuras hídricas.
Independientemente que esta situación que hoy nos preocupa esté motivada por estas cuestiones u otras, lo que resulta evidente es la necesidad cada vez más imperiosa de hacer un uso racional del agua. Es prioritario mentalizarnos que el agua es de todos, que es un bien escaso y, aunque su precio sea bajo, es una suerte y un lujo disponer de agua suficiente. Es una cuestión de concienciación, de educación y de adquirir hábitos para limitarnos a consumir el agua estrictamente necesaria.
En la página de Instituto Nacional de Estadísticas se puede consultar algunos datos significativos y muy explícitos. Resulta que en el año 2002 el consumo medio de los hogares españoles se elevó a 164 litros por habitante y día, lo que sin duda significa un despilfarro mayúsculo y nos manifiesta la necesidad de adquirir prácticas de ahorro de manera urgente. Ello significa una cantidad global de 2.512 hectómetros cúbicos de agua que se abasteció a los hogares españoles.
Es una cantidad estimable, especialmente en época de escasez y significa el 80% del agua destinada de los 4.753 abastecidos para el consumo público urbano. El resto se destinó para empresas servicios municipales etc.
Con ser significativo los datos expuestos hay dos muy destacables: el referido a la pérdida de agua por deficiencias en la red y la cantidad destinada al sector agrario. En cuanto al primero la cantidad se elevó hasta los 973 hectómetros cúbicos, lo que pone de relieve la necesidad de que las distintas administraciones competentes trabajen para cerrar el goteo constante de pérdidas. En cuanto a los más de 17.083 Hectómetros cúbicos destinados al sector agrario supone que deben emprenderse una labor educativa que racionalice el uso de este bien tan preciado. Este sector debe aprender ciertas técnicas que supondrían un ahorro extraordinario y debe mirarse en el espejo de un país casi desértico como Israel y que sabe hacer un uso ejemplar del agua.
Por: Júcaro | General | Comentarios (0) | Referencias (0)