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Sábado, 10 de septiembre de 2005

Conservar la identidad

Conservar las señas de identidad. Bajo este enunciado se pueden cometer tropelías de cualquier índole. Algunas tradiciones, si un día tuvieron su razón de ser, hoy no pueden perpetuarse sin adaptarse a los nuevos tiempos. Es cierto que la igualdad de la mujer con el hombre se acerca constantemente aunque aún permanecen mecanismos o celebramos manifestaciones culturales que remontándonos a épocas pretéritas, nos indican el marcado sesgo androcéntrico de nuestra sociedad. Podría afirmarse, en este sentido, que la legislación va por delante de la realidad cotidiana. La postergación de la mujer se remonta a tiempos muy lejanos; por ello las leyes no pueden cambiar, en unos pocos años, una mentalidad que se ha forjado durante siglos.

Escribo esto tras conocer los incidentes producidos en el Alarde de Hondarribia. Estos, son unos desfiles que rememoran la victoria de las milicias forales sobre las tropas francesas en 1638. En ellos los hombres desfilan vestidos de soldados, agrupados por barrios, actividades o simples cuadrillas que reciben el nombre de compañía y al frente de las mismas figura la cantinera, única representación femenina del festejo. Esta es la tradición, pero desde hace unos años un grupo de vecinos de Hondarribia y también de Irún, poblaciones en las que se celebran estos desfiles, han decidido que las tradiciones deben conservarse adaptándose a los nuevos tiempos. Entienden estos que la igualdad del hombre y la mujer hay que llevarla a todas las expresiones, incluidas aquellas más arcaicas que recrean épocas en las que la mujer era una máquina de procreación, placer o un simple objeto decorativo.

En estas circunstancias toma protagonismo la compañía Jaizkibel, integrada por hombres y mujeres. Esta compañía ha decidido trabajar por el mantenimiento de las tradiciones pero adaptándolas a los tiempos que vivimos y al Estado de Derecho. En consecuencia ha tenido que hacer el desfile protegida por la Ertzaintza y bajo una lluvia de insultos. Incluso, un tramo del recorrido, lo hicieron entre dos paredes de plástico para hacer invisible a tan osada compañía que le colocaron quienes bajo el pretexto de que la participación de las mujeres como soldados falsean la realidad histórica y rompe la tradición le han declarado la “guerra”: insultos, abucheos, silbidos, pancartas y la protección de las fuerzas de seguridad es el resultado.

Distintas formaciones políticas, PSE, EB, EA y Aralar han dado su apoyo a los defensores de la igualdad. La cuestión en este caso es muy significativa por lo que discriminatoria tienen entre el hombre y a mujer, exclusión en virtud del sexo que se expresa igualmente en otras latitudes hispanas como en el caso de las mujeres pescadoras de El Palmar de la Albufera de Valencia.

Comprendo que muchas tradiciones deben conservarse porque suponen una riqueza cultural que no podemos dejar perder, sin embargo otras es mejor, por su sinrazón, que pasen a los museos antropológicos y libros sobre costumbres y tradiciones. Aquellas que pretendan mantenerse en el tiempo es lógico que lo hagan desde el respeto a los derechos básicos de la persona.

Hay unos versos del poeta Gabriel Aresti que expresan la fuerte vinculación con lo que nos identifica, con todo aquellos que consideramos nuestras propias señas de identidad. Probablemente los vínculos con la tierra, con nuestro entorno, con todo lo que consideramos nuestro no podamos explicarlo ni con sentido común ni con la más mínima racionalidad. Es acaso lo la sublimación del sentido de pertenencia.

Pero es necesario preguntarse quiénes defienden mejor la tradición, si aquellos que la quieren mantener tal cual ellos la recibieron o los que desean adaptarla a las nuevas formas de vida. Difícil respuesta.

Defenderé la casa de mi padre, contra lobos, contra la sequía, contra la usura, contra la justicia defenderé la casa de mi padre. Perderé los ganados, los huertos, los pinares; perderé los intereses , las rentas, los dividendos, pero defenderé la casa de mi padre. Me quitarán las armas y con las manos defenderá la casa de mi padre; me cortarán las manos y con los brazos defenderé la casa de mi padre, me dejarán sin brazos, sin hombros y sin pechos, y con el alma defenderé la casa de mi padre. Me moriré, se perderá mi alma, se perderá mi prole, pero la casa de mi padre seguirá en pie” La constancia la preseverancia, la confianza en lo que se cree también ofrece sus frutos. Seguro que ni los insultos, ni las paredes de plástico negro ni la protección policial impedirán la decidida voluntad de estos defensores de las tradiciones y de la participación de la mujer en igualdad de derechos: al hacerlo también pueden recitar; "Defenderé la casa de mi padre, contra....."

Por: Júcaro | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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