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Descosido

Miércoles, 07 de septiembre de 2005

Fábrica de famosos

Acuciados por los problemas, muchos parecen idolatrar a esos vulgares personajes carentes de talento y sobrados en vulgaridad que son los nuevos famosos; pero todo es mentira. Estos famosos de ocasión, son mentira y el interés por sus avatares otra ficción. Son productos televisivos; personajes egoístas y frívolos que suelen ocupar más tiempo en televisión que cualquier otro personaje público, ya sea político, artístico o deportivo. Son famosos de la nada y adquieren notoriedad sencillamente por hacer nada o contar cualquier simulacro de la realidad.

Personajes que sin saber por qué, acaparan horas de televisión y espacios en la prensa rosa; son intrascendentes, banales y con un desparpajo increíble. Este nuevo fenómeno, aunque nos parezca mentira, alimenta índices de audiencia y los medios, conocedores de ello, los crean y elevan a sus altares. De este fenómeno mediático observaré algunas consideraciones de tres elementos intervinientes: famosos, medios de comunicación y público.

El espacio que ahora ocupan los nuevos famosos estaba reservado, aunque es cierto que con menos estridencias, a personajes cuyo único mérito consistía en ser hijo de o pareja de; aunque algunos alcanzaran la fama por simple valía o significación personal. Solían pertenecer o estar relacionados con la aristocracia o el mundo del espectáculo en sus múltiples facetas. En la actualidad se puede afirmar que la democracia ha llegado a estos circuitos y cualquier persona, con pocos escrúpulos y dispuesta a airear algunas intimidades ciertas o falsas, esta cuestión es irrelevante, puede convertirse en personaje del famoseo siempre que los emolumentos sean suficientes y satisfaga su egolatría, Vanidades, simplezas, estulticias y una caradura impresionante son constantes en estos nuevos personajes que pululan por todos lados. Merecen el respeto que ellos se tienen y tal vez cierto reconocimiento por saber sacarse una pasta, por vivir del cuento, por vender un cuento vacío y porque, rematando el esperpénto, quien lo sigue sabe y es consciente de su vaciedad. Pero probablemente estos famosos virtuales sean, después de todo, los menos criticables en esta pasarela estridente.

Los medios de comunicación, en su lucha por mejorar sus índices de audiencias, son los auténticos responsables de esta lamentable eclosión de famosos de poco o nulo interés. El “granhemanismo” podría ser el término que podríamos aplicar para definir la estrategia que, de manera muy especial, algunas televisiones han desarrollado para encumbrar a estos personajes. Surgen de algún casting para programa televisivo y participan en el programa en cuestión con evidente estrépito. La aparición de estos personajes, especialmente si en el concurso se producen situaciones escabrosas, se repite en cualquier momento de la programación y en cualquier franja horaria. Al finalizar su participación asoman una y otra vez, en distintos programas y en cualquier horario con cualquier excusa o sin excusa alguna y habitualmente en la misma cadena. De tal manera que, a poco que seamos televidentes ocasionales, nos familiarizamos con los rostros de estos personajes que sólo saben hablar de sí mismos o de otros individuos como ellos. Los medios que engordan sus cuotas de pantalla se justifican diciendo que se deben al público y que esto es lo que sus espectadores les demandan. Bajo coste y atizar en los instintos primarios; todo por la audiencia, perdón, por tener más audiencia.

Por último, el público. Es entendible un cierto refugio en lo intrascendente. Acuciados por los problemas cotidianos, puede entenderse una cierta evasión y refugio en la trivialidad primaria de estos personajes. Por ello, para sortear por un momento la realidad, para desconectar de las posibles tensiones económicas, afectivas o familiares, nada como pasar un rato de ocio observando el espectáculo que ofrecen estos señores del famoseo. Muchos espectadores entienden que nada más inofensivo como adentrarse en los cotilleos de estos personajes que son una gran mentira, que viven de la mentira y que todos sabemos que se trata de una mentira. Por eso, finalizado o desconectado el programa, el espectador no vuelve a tener memoria de tanto disparate; ha pasado un rato riéndose, mofándose o sorprendiéndose de las ocurrencias y despropósitos de estos singulares famosos, que de eso se trata.

Para escapar de ellos, caben dos actitudes: verlos como lo que son y lo que representan estos personajes o cambiar de cadena. También goza de otra posibilidad; apagar la televisión.

Por: Júcaro | Comunicación | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

sabes quiero saber estar informada de acerca de los casting de los programas detelevision

vanessa bustamante | 19-01-2006 03:23:57

Querido

no podes ser tan boluda vanesa | 23-02-2009 18:19:17

no podes ser tan boluda vanesa

querido | 23-02-2009 18:19:58

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