Domingo, 04 de septiembre de 2005
No era necesario demostrar nuestra vinculación con el chimpancé; compartimos el 99% de ADN. Lo sabíamos hace tiempo; nos lo contó, por ejemplo, Desmon Morris en “El mono desnudo”.
Evidentemente hemos evolucionado mucho desde el australopithecus pero conservamos pautas similares. En un interesante texto de Eduald Carbonell y Robert Sala publicado en http://www.filoantropologia.webcindario.com puede leerse: “El comportamiento humano está lleno de las inercias del comportamiento etológico de los primates: la necesidad de establecer territorios y fronteras entre grupos, la presencia de jerarquías sociales, los comportamientos agresivos... Y nosotros somos expertos en comportamientos tan poco humanos...”. Nos hemos especializado en conductas antihumanas y aunque nuestro desarrollo intelectual nos hace ser más independientes del medio, nuestro egoísmo y ambición nos hace actuar peor que los primates. Ejercemos un poder destructivo, escalofriante, que ningún otro ser vivo, distinto al hombre, ejerce sobre el medio. Pero además lo realizamos como si desconociéramos las consecuencias de estos actos: por poner sólo un ejemplo publicado en prensa hace unos días; el agujero de ozono alcanza la superficie de Europa.
Si se escribe: cerebro dividido en dos hemisferios; capacidad para fabricar herramientas; mantenimientos de vínculos familiares afectivos; pertenencia a grupos sociales jerarquizados; lucha por el poder vinculada a la popularidad. Si se escribe todo eso, efectivamente nos referimos al chimpamcé pero...¡cuánto se nos asemeja! Básicamente, sólo el superior nivel de inteligencia y el lenguaje nos diferencia y... en algunos aspectos se podría afirmar que no salimos muy bien parados.
Por: Júcaro | General | Comentarios (0) | Referencias (0)